So, hagamos balance de lo bueno y lo malo.
Cuando todo parecía que el año se estaba torciendo, que empezaba mal e iba a acabar peor. Terminó, por fin, segundo de bachillerato. Fue un año rápido. Con lágrimas y sonrisas. Gritos. Gritos de esperanza. Y concluyó con un viaje aún más rápido. Más vivido. Y más todo. Era el último viaje juntos y eso lo sabíamos todos. Nunca más estaríamos así. Dijisemos lo que dijesemos.
Y después de ese viaje, de mala suerte pero fantástico a su vez, nos embarcamos en lo que ha sido, por ahora, uno de los mejores veranos de mi vida.
Si seis meses fueron rápido, imagináos 2. Rápidos pero exprimidos. Al máximo.
De uno a otra, de una cosa a otra. De una historia a otra...
Cuando menos te lo esperas, va la vida y te sorprende.
Pero no, eso no se iba a quedar ahí. Eso iba a ir a más y a más y a más. Hasta que sin darte cuenta estabas en la universidad. Sola en la universidad. Sola en una ciudad que nunca habías pisado. Nunca.
Dijiste nunca. Dijiste no. Y ¿en qué se convirtió? En un puto "No te vayas".
Y así, uno tras otro, dos, tres, incluso cuatro. Pero hasta ahí. No se pudo más. No diste más de sí. No di más de mi. Me fue literalmente imposible.
Y ahora, ahora estamos en navidad. Que todo se supone que es fiesta. Ya ves, se supone que hasta la universidad es fiesta. Pero no, no nos engañemos. Si las cosas son fiesta es porque los humanos queremos que sea así. Y como yo no quiero, bueno, no es que no quiera, es que no puedo, para mi no es fiesta. O sí, pero sin estar todo el día tumbada en el sofá, básicamente porque no tengo tiempo.
Y en estos momentos, en el último día del año, cuando tienes unos minutos de relax, para pensar en todo lo que ha pasado en estas dos últimas semanas, te das cuenta de que han sido los putos detalles lo que provocaron todo. El hacer y el deshacer. El hola y el adiós. El te quiero y te odio. Los putos detalles controlan esta puta relación.
Que te den 2011.
Cuando todo parecía que el año se estaba torciendo, que empezaba mal e iba a acabar peor. Terminó, por fin, segundo de bachillerato. Fue un año rápido. Con lágrimas y sonrisas. Gritos. Gritos de esperanza. Y concluyó con un viaje aún más rápido. Más vivido. Y más todo. Era el último viaje juntos y eso lo sabíamos todos. Nunca más estaríamos así. Dijisemos lo que dijesemos.
Y después de ese viaje, de mala suerte pero fantástico a su vez, nos embarcamos en lo que ha sido, por ahora, uno de los mejores veranos de mi vida.
Si seis meses fueron rápido, imagináos 2. Rápidos pero exprimidos. Al máximo.
De uno a otra, de una cosa a otra. De una historia a otra...
Cuando menos te lo esperas, va la vida y te sorprende.
Pero no, eso no se iba a quedar ahí. Eso iba a ir a más y a más y a más. Hasta que sin darte cuenta estabas en la universidad. Sola en la universidad. Sola en una ciudad que nunca habías pisado. Nunca.
Dijiste nunca. Dijiste no. Y ¿en qué se convirtió? En un puto "No te vayas".
Y así, uno tras otro, dos, tres, incluso cuatro. Pero hasta ahí. No se pudo más. No diste más de sí. No di más de mi. Me fue literalmente imposible.
Y ahora, ahora estamos en navidad. Que todo se supone que es fiesta. Ya ves, se supone que hasta la universidad es fiesta. Pero no, no nos engañemos. Si las cosas son fiesta es porque los humanos queremos que sea así. Y como yo no quiero, bueno, no es que no quiera, es que no puedo, para mi no es fiesta. O sí, pero sin estar todo el día tumbada en el sofá, básicamente porque no tengo tiempo.
Y en estos momentos, en el último día del año, cuando tienes unos minutos de relax, para pensar en todo lo que ha pasado en estas dos últimas semanas, te das cuenta de que han sido los putos detalles lo que provocaron todo. El hacer y el deshacer. El hola y el adiós. El te quiero y te odio. Los putos detalles controlan esta puta relación.
Que te den 2011.
No hay comentarios:
Publicar un comentario