martes, 10 de mayo de 2011

Nunca, nunca me había hecho una profesora llorar. Llorar de felicidad. De alegría, de todo lo bueno, de saber que si te pasa algo puedes contar con ella. Pero ella lo ha conseguido.
Cuando hemos empezado la mañana ya con despedidas en clase de historia no me lo he tomado como algo serio ya que sé que el día de la graduación esas palabras las oiré miles de veces pero ¿un correro? eso es algo que no me esperaba. Aunque viniendo de Sonia, sí, puede que haya sido lo mejor. Me ha llegado tanto..
En su totalidad.
Ha utilizado justo las palabras exactas. En un curso nos ha entendido a cada uno de nosotros. Ha sabido cómo nos sentíamos justo en el momento dado. A sido alucinante.
Ni me gustan las despedidas ni me dejan de gustar, y hoy mismo dije a una amiga que no podemos empezar a llorar ya porque aún nos queda un mes para lograr crear un mar entre todos pero, es que, no he podido remediarlo. Conforme iba leyendo cada frase, párrafo a párrafo, palabra a palabra se me iban llenando los ojos de agua que pedía salir. ¿Qué podía hacer?

Simeplemente, gracias. Y no solo a ti, sino a todos, a todos los profesores y a todos los de clase.

Después de seis años no se olvidan caras tan fácilmente.

1 comentario:

Miriam dijo...

Eso también nos lo hizo a nosotros con el País de los Estudiantes, y Carlos igual... son amor.